PREGUNTA.- Mi padre, con tan sólo 45 años, falleció hace algunos meses por cáncer de pulmón. La gravedad de la enfermedad per se, se vio agravada por una severísima coagulopatía intravascular diseminada. Según los oncólogos que trataron a mi padre (Hospital Virgen de las Nieves, Granada), de manera excelente, desde el punto de vista profesional y humano, esta coagulopatía era causada por el propio tumor. El caso era infrecuente, había que transfundirle plaquetas, fibrinógeno, etc. Un drama en definitiva. Una vez fallecido mi padre, no he dejado de darle vueltas al asunto de este posible efecto tóxico del cáncer (adenocarcinoma).
Estudio biología (rama de genética) y si todo va bien, podría conseguir una beca de investigación en oncología genética, con un grupo de excelencia. Antes de ponerme a estudiar el tema con detalle, quería saber su opinión, como oncologo clínico, sobre el tema. ¿Realmente el adenocarcinoma podía tener este efecto tóxico, raro?, ¿Quizás como parte de una estrategia para favorecer su irrigación? Si esto fuera así, y yo no escuche mal a los oncologos (al principio pensaba que era por la quimioterapia, pero me dijeron que no, que todo sugería al propio tumor. ¿Me podría aclarar como produciría este efecto?, ¿liberando algún compuesto anticoagulante? Sería para mí un honor que un estudioso del cáncer como usted, arrojara un poco de luz sobre este tema.
Comentarle por último lo siguiente, a modo de posible argumento (creo) para la relación tumor-coagulopatía: cuando se vio que ni radio ni quimio (cis-platino, vinorelbina, etc.) hacían nada, se le administró TARCEVA, (como usted sabe, inhibidor del EGFR). Le hizo efecto aproximadamente un mes, durante el cual la coagulopatía mejoró (no sangraba nada). Después de ese mes y pico, este fármaco dejó de ser efectivo, coincidiendo esto con la aparición de la coagulopatía, metástasis generalizada y el final, después de mucho sufrimiento.
RESPUESTA.- La CIV o coagulopatía intravascular diseminada es una complicación muy grave del cáncer, como también lo puede ser de otras enfermedades, generalmente infecciosas. Se trata de uno de los llamados síndromes paraneoplásicos. Son acontecimientos que se asocian al tumor, aunque su naturaleza es completamente diferente. Su evolución es paralela al cáncer; si éste mejora, mejorará el síndrome paraneoplásico, y lo contrario sucede en caso de empeoramiento. Los síndromes paraneoplásicos pueden ser meras curiosidades sin importancia, por ejemplo, una pigmentación oscura de la piel. En otras ocasiones son situaciones muy serias, y no es excepcional que un paciente acabe falleciendo por el síndrome paraneoplásico antes que por el propio cáncer.
La coagulación es un proceso fisiológico de importancia vital, sujeto a un equilibrio exquisito y muy complejo por parte del organismo sano. La sangre ha de coagularse en el lugar exacto, en el grado preciso y durante un periodo muy determinado. Una sangre que coagule deficientemente expone al paciente a hemorragias que pueden ser fatales. Pero si la coagulación es excesiva, sucederán embolias y trombosis. Para acabar de complicar el asunto, el estado de la coagulación ha de variar, y no debe ser el mismo en un niño que en un anciano, en un enfermo infectado que en una mujer embarazada, o en una persona obesa que en un sujeto que se acaba de herir. Nuestro organismo emplea decenas de sustancias químicas para regular la coagulación de manera muy exacta. En la CIV, el tumor (o los microbios, en el caso de una infección grave) segregan sustancias a la sangre que alteran por completo y catastróficamente este delicadísimo sistema de regulación. En el paciente con CIV, la sangre se coagula espontáneamente o deja de hacerlo por completo de manera errática, pueden suceder al mismo tiempo una hemorragia en una parte del cuerpo (por falta de coagulación) y una trombosis en otro punto (debido a su exceso). Si no es posible controlar el tumor y que esas sustancias dañinas dejen de verterse a la sangre, es casi seguro que la CIV acabará ocasionando alguna complicación fatal tarde o temprano.
Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid
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