PREGUNTA.- Le he escrito un par de veces en relación con mi padre, que tiene 61 años y sufre de un cáncer de origen desconocido (adenocarcinoma), que se manifestó en enero de 2008 con un derrame pleural. Inició la quimioterapia en marzo, con un esquema de carboplatino + paclitaxel. Uno de los efectos secundarios que tuvo fue anemia, para lo que le ayudaron con inyecciones semanales de EPO y hierro. En el tercer ciclo se la suspenden porque ven una ligera ascitis. Ésta es tratada con diuréticos y actualmente ha remitido totalmente.
Se reevalúa viendo que los marcadores tumorales han descendido ligeramente (Ca 125 de 462 a 286 y Ca 19,9 de 124 a 86) y en el TAC torácico abdominal se ve que la situación está igual que en el último TAC de febrero e incluso el derrame pleural es menor y la atelectasia pulmonar ha desaparecido en un grado importante.
Paralelamente, desde hace unos 15 días, ha empezado la consulta en la Unidad de Tratamientos Paliativos, en la que de momento no le han mandado ningún tratamiento.
Ayer en la consulta de su oncóloga nos dieron tres opciones:
-Seguir sólo en paliativos (cosa que ella recomendó).
-Iniciar una segunda línea de tratamiento con el esquema ELF. Ya que ahora no piensan que el primario este en pulmón como en un principio sino en la 'zona abdominal'. También nos comentó que las probabilidades de obtener algún resultado eran de un 20%.
-Pedir una segunda opinión sobre el caso.
Él ha preferido intentarlo con un par de ciclos para ver como le va, porque no quiere quedarse esperando a 'verlas venir', pero la verdad, no sé si será lo mejor. Pero por otra parte, la decisión, como le dijo la oncóloga, la tiene él. Según sus palabras textuales 'si quieres seguir con la quimio seguimos'.
Una persona con una mentalidad tan luchadora como la de mi padre no concibe quedarse sin hacer nada. Su ECOG ahora mismo es de 2, aunque está bastante delgado (siempre lo ha sido y ahora más) y también tiene astenia.
¿Qué opina usted? Mis hermanos quieren pedir una segunda opinión, pero yo creo que va a dar lo mismo.
Yo la verdad es que ya no tengo juicio, estoy demasiado implicada y la verdad es que cada vez pienso algo diferente. Incluso le animo a hacer cosas que siempre había dicho que no iba a hacer si llegara el caso (como intentar segundos tratamientos que no tienen mucha posibilidad de éxito)
RESPUESTA.- Casi, casi se ha contestado usted sola. No creo que una segunda opinión sea de más ayuda que tranquilizar a sus hermanos lo que, quizá, no sea poca cosa. En cualquier caso, si eligen con cuidado al oncólogo a consultar, no hará ningún mal. Supongo que confirmará lo ya dicho por su oncóloga actual. Todo lo más, puede que proponga alguna combinación de tratamientos con la que esté más acostumbrado a trabajar.
Siempre son difíciles las situaciones en las que se plantea seguir con un tratamiento ciertamente tóxico y de eficacia dudosa, o bien abandonar toda intención de frenar la enfermedad y conformarse con paliar los síntomas, en la medida de lo posible, según vayan surgiendo. Yo procuro atenerme siempre a dos principios que me parecen sensatos. El primero es evitar a toda costa tratamientos heroicos, esos que sólo se justifican por hacer lo que sea, agarrarse a un clavo ardiendo, y que nada más sirven para acallar las conciencias de médico y familiares al carísimo precio de arruinar todavía más el ya maltrecho estado del enfermo. Esas situaciones se dan en pacientes con muy mal estado general o que ya han recibido sin éxito dos o tres quimios diferentes. No es el caso de su padre. Creo que no es insensata una segunda línea de tratamiento, en una persona joven con carcinoma de origen desconocido que mantiene un estado general aceptable.
El segundo principio es escuchar al paciente con unas orejas enormes. Ellos casi siempre dicen lo que quieren. Unos pocos lo hacen claramente y con sus propias palabras. Los más lo expresan con su actitud, sus gestos, miradas y silencios. A grandes rasgos, hay dos talantes de personas en cuanto a estas cosas. Algunos son belicosos, quieren luchar hasta el final y entienden el abandono del tratamiento como tirar la toalla, un gesto de debilidad o de cobardía con el que no quieren dejar la vida. Otros, en cambio, adoptan una postura más conformista, más oriental, si usted quiere. Prefieren evitar la agonía de la lucha y se sienten más conformes dejándose arrastrar en paz por el curso de los acontecimientos. Aquí, el grave error (¡tan frecuente!) es que el médico o los familiares, impongan su modo de ver al paciente, sin escuchar sus deseos. Parece que usted ya ha hecho buen uso de esas orejas del corazón, y que ha entendido que su padre es de la primera clase de personas,
Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid
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