PREGUNTA.- Hace dos meses a mi mujer le practicaron un legrado, tras detectarle que su embarazo no era evolutivo. Por sus niveles de la beta HCG sospecharon que se trataba de un embarazo molar, y ahora los resultados de anatomía patológica nos lo han confirmado: se trata de una mola parcial. Mi pregunta es la siguiente: ¿por qué nos ha pasado esto si tenemos 32 años y estamos sanos?, ¿tenemos más posibilidades de que esto nos vuelva a pasar en el futuro?
RESPUESTA.- La mola parcial es una entidad que forma parte de la enfermedad trofoblástica gestacional, que engloba a un conjunto de procesos benignos y malignos poco habituales, que ocurren por la existencia de una proliferación anormal del tejido que da lugar a la placenta (trofoblasto). Generalmente, los tejidos que darían lugar al feto no están presentes y son por tanto la mayoría de los casos se trata de gestaciones anembrionadas. Estas enfermedades se consideran peculiares, ya que el producto de la concepción a partir del cual se originan, es genéticamente extraño al anfitrión materno.
Este tejido, produce una secreción aumentada de la hormona gonadotropina coriónica cuyo análisis en la sangre sirve en la clínica como marcador tumoral, correlacionándose muy bien con la progresión y persistencia de la enfermedad. Se desconocen las causas que originan este problema, aunque se sabe que ocurre por una alteración genética que acontece en el momento de la fecundación.
Tampoco se conocen con exactitud los mecanismos que regulan la persistencia o progresión de la enfermedad hacia cuadros que son considerados auténticos procesos tumorales cancerosos. Es una enfermedad localizada, que normalmente se resuelve con la evacuación uterina y, en principio, no debe ser considerada ni invasiva, ni neoplásica, ni maligna. Sin embargo, en un porcentaje significativo de casos (alrededor del 10%) da lugar a una enfermedad trofoblástica persistente, por lo que es imprescindible un adecuado seguimiento tras su evacuación. Resulta básico el seguimiento con la determinación de la hormona en la sangre de la madre hasta confirmar la negativización de esta. Se debe evitar una nueva concepción, al menos hasta que lleve seis meses con cifras normales. El riesgo de una nueva gestación molar es bajo (1/55). Las mujeres que se quedan gestantes tras un embarazo molar no presentan un mayor riesgo de complicaciones obstétricas en el siguiente embarazo.
María Jesús Cancelo Hidalgo
Especialista en Ginecología del Hospital Universitario de Guadalajara
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