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LINFOMA DE HODKING

Resultados del PET

Actualizado miércoles 02/07/2008 20:39 (CET)
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PREGUNTA.- Mi nombre es Pedro y a mi hijo le diagnosticaron en octubre de 2006 un linfoma Hodking (tenía 12 años); El estadio era IIA, afectaba a ganglios cervicales y mediastino superior.

Le dieron quimioterapia y después de todo el proceso le quedaron tres restos, con lo cual tuvo que volver con 'quimio' y 'radio'. En el control, seguido de la 'quimio' y antes de la radioterapia, le hicieron un PET, en el que se vio que los restos no estaban activos pero, sin embargo, se vieron alguna adenopatía activa en otras partes (una al lado de la parótida izqda., y otra en el lado derecho) diferentes de donde estuvo la enfermedad (lado derecho y mediastino).

Los oncólogos me dijeron que no eran de preocupar después de una ecografía, refiriendo que es muy raro que salga en otro lado y además no donde estaba su enfermedad. Los restos persistían pero sin actividad.

Después le han dado radioterapia (18 sesiones). Le hicieron una ecografía en la que no se apreciaron los restos, pero sí veían adenopatías inespecíficas en ambos lados (algo normal en los niños, según ellos). Ahora estamos a la espera que se cumplan los tres meses después para hacer el PET y quería saber su opinión. Sé que en el PET también capta lo infeccioso o inflamatorio, pero estamos en un sin vivir.

Encima el chaval se acaba de constipar a 11 días de la prueba.

RESPUESTA.- Cada vez estoy más convencido de que abusamos de la indicación de las PET y que nos merecemos los sustos que nos da. A mi modo de ver, las únicas razones para preferir una PET a la TAC deberían ser la de resolver una duda que esta última es incapaz de dilucidar, o bien la de adelantar un diagnóstico de empeoramiento cuando ese tiempo de adelanto es de importancia crucial. En principio, ninguna de las dos condiciones se cumple en el caso de los linfomas. La TAC es perfectamente capaz de diagnosticar a la perfección cualquier reaparición de la enfermedad. Por otro lado, en el caso de que la PET pudiese descubrir algo antes de la TAC, no creo que ese adelanto fuese superior a un par de meses, un plazo tan breve que no modifica para nada las probabilidades de éxito del tratamiento que fuese necesario indicar.

El defecto de la PET es su propia virtud, es decir, su exquisita sensibilidad. Cuando la indicación de la PET es razonable, esa sensibilidad es una bendición, porque es capaz de detectar el mínimo asomo de actividad de la enfermedad. En cambio, cuando la PET se hace para ver si se encuentra algo, sucede que cualquier mínima inflamación o infección es también captada. Cuantas más PETs se hagan, tanto mayor será la probabilidad de que abunden estos falsos positivos. Como, además, no hay ninguna prueba de mayor precisión que la PET (salvo una biopsia), no queda más remedio que repetir la prueba pasados unos meses para ver si algo ha cambiado. La angustia a la que sometemos a nuestros pacientes durante ese tiempo de espera rara vez está justificada. La mayor parte de las veces, la TAC no hubiese observado nada anormal, pues nada existe en verdad. Ahora no hay más remedio que esperar, pero estoy convencido de que su hijo no tiene ninguna clase de recaída.

Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid

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