PREGUNTA.- Le consulto acerca de un paciente, varón de 41 años, al que se le realizo nefrectomía radical. El diagnóstico de la anatomía patológica fue: Carcinoma renal de células claras, grado IV/IV, crecimiento acinar. Tamaño 14,3cm, contenido en capsula sin invasión de la vena renal, glándula suprarenal sin alteraciones, ganglios examinados (hilio renal: 0/2 y paraaórtica (C): 0/1. Tras cuatro meses se realiza TAC abdominal y el radiólogo comenta la existencia de varias (2 ó 3) adenopatías, entiendo que en la zona donde estaba el tumor pues dice que lo demás está bien.
Sólo comenta que tendrá que valorar el urólogo. Como quedan aún varios días para que le vea dicho especialista le rogaría me sacara de algunas dudas. La inflamación observada de los ganglios (adenopatías) ¿es necesariamente cáncer? ¿Qué pruebas tendrán que realizarle para confirmar el diagnóstico: PET, biopsia, nueva operación? De ser cáncer: ¿Se considera metástasis?
¿Qué tratamiento tendrá que llevar: Everolimus, temsirolimus, sunitinib, terapia personalizada?
¿Qué probabilidad de supervivencia libre de enfermedad o de remisión completa tiene?
RESPUESTA.- Son muchas preguntas, y no tengo datos para contestarlas todas. Los ganglios no tienen por qué ser necesariamente cáncer. La función de los ganglios es mediar la inflamación, de manera que muchas veces aumentan un poco de tamaño sin que eso deba interpretarse como una recaída. Su tamaño y su aspecto es muy importante. Si son redondeados, homogéneos, independientes los unos de los otros y no rebasan un centímetro de diámetro, la probabilidad de que sean benignos es tan alta que sólo requieren una vigilancia periódica. En cambio, si tienen más de dos o tres centímetros, contienen zonas de distinta densidad, su perfil es irregular o se apelotonan unos con otros formando racimos, es casi seguro que se trata de una recaída del cáncer. Los casos dudosos necesitan aclararse con alguna prueba adicional como una PET o una punción.
Los ganglios no son metástasis, aunque su presencia aumenta el riesgo de que éstas aparezcan en el futuro afectando a otros órganos, como los pulmones o los huesos. El tratamiento idóneo de la recaída en los ganglios es extirparlos con la intención de curar el cáncer. Si se descubren más focos, si la extirpación de los ganglios resulta técnicamente imposible o si aparece una nueva recaída más adelante, el cáncer debe considerarse incurable y hay que plantearse si conviene algún tratamiento capaz de frenar su ritmo de progresión. Los más comunes hoy en día son el interferón, la interleukina 2, el sunitinib y el sorafenib.
Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid
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