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LA
BATALLA CONTRA EL CANCER DE COLON
De
momento, el mejor grial que ha conquistado la aspirina es
el del corazón. Allí y en sus arterias coronarias,
el ácido acetilsalicílico ha probado, ensayo
clínico tras ensayo clínico, que es capaz de
prevenir de forma muy significativa las trombosis secundarias
a la rotura de una placa de aterosclerosis.
Esas trombosis en muchas ocasiones son parciales y apenas
comprometen el flujo por la arteria afectada. Otras veces
obstruyen totalmente el paso de la sangre por el vaso y acaban
provocando un infarto de miocardio. En cardiología,
la aspirina, por tanto, salva vidas.
Sin embargo, existe -en la guerra contra los males que padecen
los hombres- otro grial casi tan importante como lo puede
ser el coronario, y que aspirina también está
intentando conseguir: el del cáncer.
Lo que ocurre es que para lograr ese objetivo habrá
que librar una batalla que tiene unas características
biológicas muy distintas a las que en su día
tuvo la lucha contra el trombo. El que aspirina demuestre
frente al cáncer una clara victoria y, además,
con una sólida evidencia científica costará
bastante más trabajo del que en su día costó
obtener ese trofeo frente a los males del corazón.
El problema es que el cáncer es una enfermedad mucho
más complicada de lo que lo es la patología
vascular.
En cualquier caso, no se extrañe el lector. Ha leído
bien: se está hablando de aspirina y de cáncer.
Ningún medicamento tiene un currículum tan lleno
de honores como el que tiene el centenario fármaco:
ser capaz de aliviar los dolores y la fiebre y, además,
bajar la incidencia de cardiopatía coronaria; a la
vez que se trata de disminuir el riesgo de padecer un cáncer
de colon y todo por menos de 10 pesetas que cuesta cada
comprimido es potestad sólo de aspirina.
Como pasa siempre en medicina con muchos de los hallazgos
importantes, las hipótesis de que aspirina podía
tener que ver con una disminución en la incidencia
del cáncer de colon surgieron de la anécdota
y de la observación. De la misma forma que un médico
británico se fijó en que los enfermos que tomaban
con frecuencia aspirina apenas se quejaban de problemas cardíacos,
a los especialistas en EEUU les chocó en su momento
la baja incidencia de tumores de colon que había entre
los pacientes afectados de artritis reumatoide y que estaban
siendo tratados durante mucho tiempo con aspirina o con algún
otro tipo de un fármaco de las mismas características
del comprimido blanco. Además de aspirina existen en
la farmacopea un número elevado de productos con las
mismas propiedades antidolorosas y antiinflamatorias que el
ácido acetilsalicílico, que genéricamente
se denominan antiinflamatorios no esteroideos (AINE,s).
UN
PROBLEMA FRECUENTE
Los tumores de colon son cánceres relativamente frecuentes.
Las estadísticas en EEUU reflejan que, en ese país,
se diagnostican alrededor de 700.000 casos de ese tipo de
cáncer cada año y mueren por su causa 60.000
personas. El cáncer de colon está situado en
el cuarto puesto de la lista de los tumores malignos detrás
del de próstata, el de pulmón y el de mama.
Además, es un cáncer con una mortalidad alta.
Si se diagnostica a tiempo, cuando el problema está
aún limitado al intestino, la cirugía consigue
controlarlo casi siempre. Lo que ocurre con el cáncer
de colon es que suele ser un tumor traicionero. Lo frecuente
es que cuando la patología comienza a dar síntomas,
ya está diseminada. Como pasa a menudo con el cáncer,
si al hacer el diagnóstico, las células malignas
del tumor han salido del colon y han llegado, por ejemplo,
hasta el hígado y hay metástasis
la mortalidad a los cinco años suele ser superior al
50%.
El de colon es un cáncer difícil de diagnosticar
de manera precoz. De momento, la mejor de las pruebas para
visualizar tumores en el colon en sus fases iniciales y curables,
o de comprobar la existencia de adenomas benignos en la pared
del intestino grueso, pero que se pueden malignizar con el
paso del tiempo y que hay que, por tanto, vigilar estrechamente,
es la colonoscopia. Los expertos en Medicina Preventiva creen
que la mejor estrategia para diagnosticar a tiempo un tumor
en el colon, y curarlo si existe, es poder observar con el
colonoscopio la mucosa del intestino grueso de una forma periódica
desde el recto hasta el último tramo del intestino
delgado a partir de los 50 años. Después
de esa edad, la colonoscopia habría que repetirla con
mayor o menor frecuencia en función de lo que se haya
visto en la primera exploración. No obstante, una cosa
es el deseo de los especialistas y otra la realidad en
una sanidad muy cara en todo el mundo y que está sobrecargada
de trabajo.
La verdad es que la persona que va a someterse a una colonoscopia
tiene que prepararse, ayunar y purgarse para limpiar muy bien
el intestino durante el día antes de la prueba . Después,
ya sobre la mesa del endoscopista, el paciente tendrá
que soportar los dolores que provoca el aire que le insuflan
y que sirve para dilatar el intestino grueso. De este modo,
los especialistas consiguen ver muy bien sus paredes.
Con este panorama de molestias, de costes y de tiempo que
enfermo y endoscopista sufren y necesitan, es muy poco probable
que la colonoscopia, tal como se hace ahora, llegue a ser
algo tan común en el diagnóstico precoz de los
tumores de colon como lo es, por ejemplo, la mamografía
en los de mama.
Es, por tanto, evidente la dificultad que existe para que
se generalice en toda la población el mejor diagnóstico
precoz del cáncer de colon, por lo que queda patente
lo que significaría encontrar algo que, a precio razonable
y sin excesivos efectos secundarios, ayudara a prevenir ese
tumor. Algo que los oncólogos conocen con el nombre
de quimioprevención de los tumores.
Se entiende, entonces, que cuando se vislumbró que
los consumidores de aspirina conseguían cierta protección
contra el cáncer de colon, los científicos se
animaran en los años 70 a intentar pasar de la anécdota
de las observaciones puntuales a la evidencia cierta que la
ciencia puede proporcionar. En un principio los expertos trataron
únicamente de comprobar en el laboratorio, tanto en
cultivos de líneas celulares como en tumores creados
en ratones, si aspirina en realidad era efectiva.
l que la mayoría de las veces estas investigaciones
acabaran probando, o sugiriendo, que al menos en las
probetas y en los modelos de roedores aspirina, piroxicam
y sunlidac (todos ellos considerados AINE,s) conseguían
inhibir la carcinogénesis, fue lo que alertó
después a los epidemiólogos, y les hizo profundizar
ya en los años 80, en el diseño de estudios
en humanos que evaluaran la asociación entre este tipo
de fármacos y la incidencia de tumores de colon.
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